He vivido de la fotografía durante 20 años. Luego lo dejé totalmente durante 10 años. Ahora, después de ese tiempo vuelvo a la actividad, pero no para vivir de ella, sino para vivir con ella.
Todo ha cambiado en este tiempo. El laboratorio, antes aquel cuarto oscuro y alquímico que abundaba en olores singulares como el del hiposulfito de sodio o el ácido acético, ahora es una pantalla plana y luminosa en la que la magia se ha multiplicado por X al tiempo que las manos están limpias y no hay irritaciones.
Me siento como un alienígena en el Vaticano; babeando de asombro y excitado por tanta novedad. Es como volver a empezar, pero...
Corre, que te pillo !!
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